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Las Palabras Perfectas para un Protocolo de Atención

La recomendación de un amigo nos llevó fuera del Perú para decidir que nuestras vacaciones estarían contempladas bajo dos requisitos: sería un resort nuestra elección y sólo nos preocuparíamos por descansar. De este modo la decisión no sería fácil, sin embargo, al destino recomendado nuestra asesora de viajes potencia nuestro interés bajo un all fun inclusive®.


Definitivamente conocemos la idea de un resort; donde la oportunidad de pertenecer por unos días a un ambiente que acoge lo natural y lo compagina con comodidad hace brotar en nosotros la curiosidad por su atención y su servicio todo incluido.


Regocijarse en el paisaje, pasear por los alrededores de sus piscinas que se juntan con la vista del mar, descansar en una dormilona (hamaca) a orillas del agua y sin salir de tu habitación, responder al hambre cuando te llame sintiendo la placidez de un buffet al gusto de tu paladar extranjero y/o nacional por los días que tu sello de pasaporte o tu ticket de avión lo indique.


"¡Bienvenidos a casa, familia!"; mi nombre es Eduardo y seré su concierge ésta noche. Y por el resto de días. Sin conocer que nos proyecta la estadía, Eduardo nos estudia. Tres integrantes con bebé, sus primeras vacaciones juntos, jóvenes, ágiles, románticos, responsables. Todo ello hubiera pensado. Su encantador trato con la perfecta sonrisa panam (además de una corona, una margarita y un jugo de manzana) nos detalla y agenda la serie de actividades que realizaremos día a día. Es entonces donde se nos asigna la habitación deliciosamente acogida en nuestra nueva casa "espiral". Ya casi estaba segura que deberían asignarnos el color y el equipo, pero con ello fue más que suficiente para darnos la bienvenida y sentirnos propietarios del paraje y sus encantos.


Cuando llegas a una nueva casa estas dispuesto a explorar, tocar sus muros, palpar el agua, saludar, mantener deseoso el ímpetu por ser parte de ello. Recorres tu casa y tienes curiosidad, tu rostro refleja la duda y la respuesta necesita una pregunta: "¿todo bien familia? ¿necesita ayuda?"; y ahora ya no es Eduardo. Una, dos, tres veces y las que sean necesarias tanteando tu tranquilidad.

Si los detalles enamoran, el agasajo se hace un silencio cautivador. Es el momento de imantarte, los negocios se abren con un deleite desayuno, un paseo en shuttle hacia un círculo social vip (del cual solo socios serán los beneficiados) cerrando la mañana con copas de champagne, bring dir’s y salud. Es encantador observar su precepto a mantenerse siempre en contacto visual con nosotros, la intimidad se vuelve casi un ruego siempre y cuando nuestros rostros reflejen un indicio de aprobación. La compra es definitiva. Seremos clientes fieles. Ellos ganaron. Nosotros fuimos convencidos.


Sin embargo, no nos sentimos clientes, somos familia y estamos en casa. 


Aquella solemnidad en sus palabras nos enorgullece aún más cuando su interés gentilicio interroga "¿De dónde nos visita familia?". Como todo buen extranjero y con mayor razón de Perú, deseamos ser reconocidos. Y así fue. El Cóndor Pasa es delineado finamente en las cuerdas de sus guitarras. Un interés mayor se asoma. Será correspondido el trato. Me siento bienvenida.


El mundo es de todos y es de nadie.


Encontraron las claves en palabras perfectas para invitarnos a vivir una experiencia delicada, sabia y respetuosa. Y estoy segura que, de tener un inconveniente, más habría valido cada frase que escuché para brindar viabilidad a la estadía, con el único afán de mantenerme por esos días en mi casa.


#vacaciones #protocolodeatencion #comunidadatenta





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